Abdul Karim: “El sufismo es el camino del amor… que es la ausencia absoluta de ego”.


Campamento Verano 2013. Por Shilayim. Fotografía Aguila Blanca.
“Hasta la orilla del Océano hay huellas, más allá del Océano no queda rastro alguno”,
recitaba Rumi. Ahora estás en la orilla de ti mismo, si quieres ir más allá, debes abandonarla, sumergirte y bucear. Sufismo es el proceso de transformarte en Océano. Su voz transmite una devoción absoluta, nada de fanatismo, sino llena de gratitud y amor hacia el Sheik, su Maestro. Habla pausadamente, como vaciándose de sí mismo, para ser un limpio y puro canal. Solo transmite, casi se anula excepto para contar anécdotas personales, lo cual hace con gran sentido del humor. Es complicado transcribir la sensaciones que sus palabras causan en los oyentes, pues tocan directamente el corazón. De antemano pedimos disculpas por la imposibilidad de reflejar sobre el papel esa fuerza interior. Abdul Karim medita en silencio unos minutos, se concentra y responde guiado siempre por una melodía invisible e inaudible, pero que nos acompaña incluso tiempo después de acabar la entrevista. ¿Cómo podríamos definir el Sufismo? El Sufismo, definido en esencia, es el camino del Amor. Y ¿qué es el amor? El Amor es la ausencia del Ego… y ¿qué es lo que define ausencia de Ego? Dios. Dios es la total ausencia del Ego. Por lo tanto es el camino que conduce a Dios. Y ¿qué es un camino? Un camino es lo que te lleva desde del punto donde estás hacia una meta. El camino del amor te lleva al Amor como estado del Ser, la experiencia de identidad. El Sufismo es básicamente “De qué manera esa vía puede debilitar todos aquellos elementos que eclipsan el verdadero Ser”, que la Esencia pueda salir y desarrollarse. ¿De qué manera se da ese proceso? Muhammad, o Mahoma, como se conoce en occidente al profeta del Islam, explica que los seres humanos duermen. Afirma que el estado verdadero del Ser esta latente, pasivo, y solo cuando morimos, al fin, nos despertamos. Por eso, El tipo de vida que tenemos muchos de nosotros es un sueño, no es real: hay que morir para despertar. ¿Morir en qué sentido? Ese morir es un proceso gradual, todo está muriendo, todo lo que nació ya está caminando hacia la muerte. Por ejemplo, los árboles pierden las hojas en otoño. Se libran de aspectos de sí mismos para renacer en primavera. Nosotros, en cambio, estamos tan cristalizados en nuestra posición interior que no pasamos al invierno, no queremos. Estamos apegados a lo que creemos que forma parte de nuestro Ser y los vemos como riquezas, cuando solo nos impiden acceder a lo Verdadero. En el Corán dice que hay signos que pueden interpretar quienes están dotados de entendimiento… Así es, y no se refiere solo a señales externas. Las lecturas se pueden hacer a muchos niveles; en el ejemplo de los árboles, nosotros somos parte de la naturaleza, y nuestro cuerpo físico está sujeto a los ciclos. Éstos son también psicológicos, espirituales, etc. Pero no queremos cambiar, porque creemos que en el fondo “no estamos tan mal”… Hace falta un gran motivación, un detonador, un factor de recuerdo, y tener bien clara la meta: es el camino del amor, pero para llegar a él necesitamos algo que nos recuerde de forma poderosa que tenemos que despertar, porque actualmente estamos en el odiar, dormidos, un estado de inercia... Somos seres automáticos que se relacionan de manera mecánica.
El Sufismo es el camino del amor... que es la ausencia absoluta de ego.
Háblenos de esas relaciones... Cuando nos relacionamos por primera vez con alguien, siempre es por interés. No hay amor, pues en realidad el Ego inmediatamente analiza y quiere saber “¿el otro amenaza mi posición?”. Por eso necesitamos el Sufismo: es el camino del amor pero también es la ciencia de la realidad, porque el amor sin la realidad es fantasía, nos caemos. Así, la rosa es el símbolo del sufismo. Cuando vemos una rosa nos acercamos a ella, por su color, por su belleza, por su aroma. No la hacemos inclinarse, somos nosotros los que nos inclinamos ante ella porque de manera innata percibimos en ella un valor superior. La rosa es el estado de coronación, lo glorioso; pero entre la tierra y ella hay las espinas, que son las pruebas o el dolor del camino de lo terrenal a lo espiritual… cuanto más subimos, más nos envuelve la fragancia y más arriba queremos llegar. Pero, ¿realmente es necesario ese dolor? Escuchar una canción hermosa nos trae felicidad, pero si se desarmoniza, algo dentro de nosotros se incomoda. Así trabajan los sheiks, los maestros: primero atraen, pero después confrontan para que no nos sintamos a gusto en esta fase, pues estamos de paso hacia algo mucho mejor. Primero que todo Él te dice: “Bienvenido”; pero, ¿“bienvenido” a qué? Todo tiene un precio. El amor también lo tiene, y ese es el sufrimiento. Si no hay dolor la experiencia no enraíza, pues lo que hiere es lo que más nos marca. Recuerda los momentos más marcantes de tu vida y lo comprobarás: el dolor profundo deja huellas profundas, y así cristaliza. Si no, viene y se va sin significado… no hay que rechazar el dolor, sino utilizarlo para crecer. ¿En todos los casos el dolor nos hace crecer? No, no en todos. Alerta, porque hay un dolor que refuerza la neurosis, que quita el significado de la vida, pero hay otro que nos da fuerza: es el que se transmite con las enseñanzas. Ese dolor hace que penetren en nuestros cuerpos profundos para que se integren. El proceso es el siguiente: Primero, tomar conciencia de donde estamos, como ya advierten muchas otras filosofías, como la budista, “la existencia humana es sufrimiento”. Segundo, ya que es inevitable, aprender a cómo sufrir, porque el sufrimiento, como la alegría, es un estado: no es deseable ni rechazable, es lo que es. El juicio en base al Ego determina si es “bueno” o “malo”, juzgar es ponernos en una posición que no nos toca. Tenemos que aprender, no juzgar. El dolor no es una pieza sobrante del rompecabezas; la pieza encaja, lo que hay que hacer es aprender a usarla. El sufrimiento da presencia y todo lo que pase a través de él se empieza a fijar, y ese es el objetivo. Como decíamos, hay que seguir los ciclos, como las estaciones, pero entre ciclo y ciclo es necesario el cambio. Es como un eje que articula el movimiento: sin eje giramos en círculos y no le encontramos sentido a la vida. El amor es ese eje, el núcleo central del ser. Para recuperar ese eje, el estado de presencia, necesitamos la ciencia de la realidad y el amor. El Budismo y muchos otros caminos hablan del amor… ¿Es posible encontrar el Sufismo dentro de otros caminos, es decir la senda del amor en otras vías? Sufismo significa pureza, por lo que hay sufismo en todos los caminos verdaderos. Hay modos en que el camino se manifiesta de acuerdo al grado del ser de cada persona, por eso hay determinados caminos para determinadas personas. Un ejemplo sería… Bien, me acuerdo de un monje renunciante que seguía el camino del silencio. Su compañero de habitación encendía la radio cada noche, y cuando le preguntó el porqué respondió que el silencio le molestaba. Ése tipo de personas necesitan otro tipo de camino, más externo, o de más acción. La vía silenciosa es interior y requiere de otro tipo de vida. Puede ser que el “ruidoso” necesite otra cosa en ese momento, o que se desarrolle hasta querer el silencio más adelante. Otro ejemplo sería en relación a la división de castas en los tiempos antiguos o en la India: había los artesanos, los guerreros y los eruditos, en función de si las personas era predominantemente motrices, emocionales o intelectuales. La legislación otorgaba derechos y obligaciones diferentes en base al Ser: era una regulación del Ser, no civil. La Ley Divina tampoco es la ley de los hombres. Usted tiene experiencia en Leyes… Sí, trabajé once años como abogado. En los tribunales no hay justicia real, poca gente queda satisfecha. Antes un juez conocía las realidades espirituales, el lado externo y el interno de la vida; antes el Sufismo era el Islam. Por eso se dice que “al principio el Sufismo era una Realidad sin Nombre, después el Sufismo pasó a ser un Nombre sin Realidad”. Se fragmentó en muchas escuelas, facciones y divisiones. Se volvieron muy intelectuales y se apartaron del corazón. Háblenos acerca de los Maestros. Para empezar, debemos entender bien que cuando se despierta nuestra semilla interna de querer el despertar divino, hay un anhelo por lo más elevado. Existe la historia de un santo que hablaba y la gente se desmayaba, nadie podía resistirse a sus palabras. ¿Y por qué? Pues porque el alma quería salir de esta realidad, vislumbraba la presencia divina de ese santo y quería huir hacia la luz. Cuando el alma empieza a despertar, se ve tan prisionera que se genera un desequilibrio, una gran división, y por lo tanto se necesita todo un proceso, lidiar con el ángel que somos y la parte oscura que aun conservamos… y para ello se necesita a alguien especial, alguien que haya pasado por ese proceso y nos enseñe, un Maestro. Si no, ya estaríamos en los cielos, pero tenemos que aprender y nadie nace enseñado. Dijo que antes todo estaba mejor organizado, en base al Ser. ¿Seguimos cuesta abajo o estamos evolucionando? Por desgracia el nivel de degeneración de la humanidad sigue en aumento, aún queda un periodo más, pero esto en cierta manera dará protagonismo a las personas iluminadas: cada vez tendrán más poder. Antes para ser discípulo de un Maestro se necesitaban muchas pruebas y requisitos, las cofradías eran pequeñas y la gente era mucho más limpia en cuanto a consciencia. Hoy en día, los Maestros aceptan a todo el mundo, solo hay que entrar y conectarse a Ellos gracias a su gran poder: “Un poco de basura no puede ensuciar el mar”, nuestras miserias y venenos no pueden con su grandeza porque son como el océano, y el agua purifica. Por eso decimos en el seminario que hay que tomar una ducha o un baño cada día; no solo es por limpieza física, el agua lava el cuerpo y la psique. Pero claro está que para entrar en estados más elevados, hace falta otro tipo más potente de… purificación. ¿Como cuál? Trabajar el interior es lo más importante. Si pusiéramos afuera los pensamientos que tenemos sería insoportable, los productos de la mente por suerte están velados porque sino nos moriríamos de vergüenza. Por eso es vital lo que hay dentro, lo que pensamos que creemos invisible, es muy importante, mucho más de lo que creemos… en especial en determinados lugares: si viene un pensamiento negativo y no se alimenta, digamos que no “computa como algo negativo”, pero en los lugares sagrados… ahí todo se multiplica por diez, debemos tener una vigilancia extrema de los procesos interiores, porque un mal pensamiento tiene una gran consecuencia. Pero es una gran bendición ir a los lugares sagrados, en donde están los santos, ya sean enterrados o aún vivos; nosotros utilizamos esos lugares como práctica importante, solo hay que ir, ahí realmente percibes una gran bendición, es real. Son seres conectados con el canal del mundo divino, son lugares de mucho poder. La conexión es tan importante… ¿Y cómo conectar más con el Maestro? Existen dos vías; la externa, vas y le pides o preguntas directamente… o la interna: llevas la pregunta en el corazón. Antes yo iba y le preguntaba muchas cosas; ahora es todo interno, y es mucho mejor, mucho más íntimo. Él responde, aunque muchas veces no con palabras, pueden ser situaciones de la vida. Un día solo vino y me dijo: “Ve a la tumba de mi esposa”. Allí lo sentí todo… comprendí sin palabras… Ella era una santa fallecida hace años, y está enterrada en Chipre. Como santa tenía una parte de su manifestación en Chipre y otra en Damasco – los santos de cierto nivel se manifiestan siempre en Damasco, es un lugar mágico lleno de santos enterrados, uno nota la presencia… Si pudiera elegir lugar donde morir, seria ése. Cuéntenos más sobre los Santos. Muchas veces adquirimos modelos espirituales importados, que no tienen mucho que ver con nosotros, los occidentales. Tomamos realidades orientales que no se corresponden con nuestra historia y nuestra estructura; es como una segunda piel muy pegada a nosotros. Jung decía que el inconsciente colectivo occidental es cristiano, debería haber dicho semítico [tradiciones comunes tanto culturales, lingüísticas (arameo, hebreo, árabe), religiosas (monoteísmos como el Cristianismo, el Judaísmo y el Islamismo]. Así pues, nuestro inconsciente colectivo es semítico. Es decir, no todo empieza con Jesús, sino mucho antes con Abraham y antes con Adán… pero el concepto es correcto, venimos con una serie de ideas que no son nuestras puesto que nos vienen impuestas, no nos las podemos quitar, y por eso nos convienen las tradiciones semíticas que han tomado esa estructura. Cuando era pequeño sentía gran amor por Jesús. Provenía de una tradición de familia católica, mis padres eran muy devotos y yo no pude seguir ese camino porque sentía que mi razón no era ahí, pero sí sentía el amor por Jesús. ¿Y cómo se pasó usted al Islam…? Jesús fue una parte, pero la gran conexión fue con el profeta Muhammad. Con el Islam al principio algo me “hacía ruido”, no me cuadraba del todo… pero después cayeron todas las fichas. De golpe. Expliquemos: Jesús no vino a abolir la ley (La Torá, la Ley de los Judíos), sino a actualizarla, porque en esa época la tradición era muy formal, muy exterior. Se había vuelto para afuera y los que gobernaban no eran los místicos, los maestros hassidas conectados con lo divino, sino los maestros de la ley, los doctores de la ley, ¡que es el opuesto del amor! Había un gran componente de dureza, por eso Jesús vino a devolver el misticismo a esa religión, pero no a fundar una nueva (el Cristianismo). ¿Qué pasó con ese movimiento? A Jesús le pasó lo mismo con su movimiento, por la ley de involución los movimientos tienden a vaciarse, las religiones se vierten, y quedarían del todo vacías sino fuera por los encargados de darles sentido, de darles contenido, que son los místicos.
El tipo de vida que tenemos muchos de nosotros es un sueño, no es real: hay que morir para despertar.
Las escuelas exotéricas se van a vaciar siempre, mientras que las esotéricas son la clave de lo divino. Cuando sentí que el profeta Muhammad le daba sentido al mensaje de Jesús, fue el clic. Porque el Sufismo acepta todos los profetas anteriores a Jesús, junto con sus mensajes, como el Antiguo Testamento, Los Evangelios, La Torá… El Islam es la continuación del Cristianismo, que era la actualización de La Torá. Por eso hay una pregunta importante, ¿quién no puede sentir fascinación por algunos enviados, por su increíble poder y mensaje, es decir, por los profetas? Estos seres que beben directamente de la Fuente Universal… Y otra pregunta importante, si después de Jesús envió a otro profeta, es porque algo se degradó, o se debilitó… el diario de ayer no sirve, solo el de hoy… y ¿quién fue el último profeta enviado? ¿Muhammad? Exacto. Cuando Dios envía un profeta es por una razón bien fuerte, para restablecer un equilibrio perdido, son intervenciones directas… Alá no puede hacerlo Él mismo, pues es demasiada energía, poder, consciencia… sería devastador. Lo hace a través de enviados, de Su Consciencia en forma humana, éstos son los profetas: todos conocían su poder. La gente no podía quedar indiferente ante su presencia, Jesús era muy amado o muy odiado, Muhammad también, aunque tenían energías similares pero trabajaban de forma distinta. Pero nunca había indiferencia hacia ellos: si las personas estaban enganchados al ego, despertaba el odio; si no lo estaban tanto, despertaba el Amor… pero cuando el conocimiento superior nos toca, acomoda todas las ideas, y si un Ser superior nos toca, nos cambia por dentro. Antes expuso que cada camino tiene su “estilo propio”. ¿Cuál sería el de Cóndor Blanco? Bien, es cierto que cada camino tiene su marca, o su “sello”. En vuestro caso, podemos afirmar que hay cierta atracción por lo que genera impacto, aunque en nuestro camino eso no es tan importante, porque pronto se va. La vida del espíritu es mucho más sencilla: está hecha de actos de sencillez, de humildad, compasión, de bondad… Esa es la verdadera espiritualidad. El gran paso es salir de la dimensión psicológica de la que están hechas las luces que resplandecen como la bisutería barata: brillan, pero son de plástico. El mundo espiritual son los tesoros verdaderos, las auténticas joyas son internas; las tocas y notas el valor. Tal vez no tienen el vistoso ropaje de las técnicas psicológicas, pero su poder es infinitamente mayor. Ahora bien: a pesar de ese gusto por el impacto, ustedes son muy lindas personas, es realmente raro encontrar a tantas personas buenas juntas, es un gran mérito, y ese es otro punto positivo… así que sobretodo destacaría su deseo de unión y la luz en sus corazones.

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