Tiffany Gyatso: El camino del artista, guiar la mente hacia lo divino.


Como una preparación al Módulo 3 de Bodhisattva, se impartió el seminario ‘La Cara del Buda’, que en la tradición tibetana es un verdadero mandala. Bajo su rostro, se extienden las líneas y proporciones exactas. La manera de pintar y contornar es un ejercicio de paciencia y devoción, una verdadera meditación. Este curso es dictado por Tiffany Gyatso, quien estudió diseño gráfico en Alemania y luego se trasladó a Dharamsala, India, en donde fue aceptada como la primera occidental y estuvo durante tres años. A finales del 2007 comenzó a las pinturas del Templo Lama Samten en Viamão, Brasil, las cuales finalizó en 2012. Hoy en día vive en Brasilia, en donde cursa Bellas Artes de FADM.

¿Cómo descubriste el arte de la Thangka?

En una expedición en autocaravana a Mongolia, con dos amigos y mis padres. Fue un viaje de despertar. En Rusia me interesé por la pintura ortodoxa, pero fue la Thangka lo que me cautivó inmediatamente, era algo completamente diferente.

¿Qué te llamó tanto la atención?

Que requiere la disciplina del artista, pero es guiada. La Thangka tiene la función de guiar la mente hacia lo Divino a través del arte. Tenía 18 años y decidí entonces seguir ese camino.

¿Cuál es tu conexión con el Budismo?

Como de pequeña viví en una comunidad aprendí un poco de cada tradición… No me considero budista, cuestiono cosas del Budismo y en verdad de todas las religiones, pero sí  estoy completamente de acuerdo con la filosofía budista de “seguir el corazón”.

Entonces, ¿qué camino sigues?

El camino del artista: seguir la intuición, cuestionar; puede parecer solitario, pero creo firmemente que hay q seguir el Maestro Interno. El Budismo es para mi como un pilar, y el Arte es mi práctica. Combinando la tradición con la espontaneidad, pero sin mezclar. En m vida hay dos polos que no se tocan: el arte expresionista y arte budista, bien diferentes entre sí pero que me aportan cosas diferentes. Mi lema es “disciplina-libertad”.

“¿Disciplina-Libertad?”

Me di cuenta que era a través de la disciplina que ganaba poder sobre mi Maestro Interno. La Thangka son muchas horas, siendo direccionada, callando la propia voz y haciendo lo que se te pide… eso da control sobre mi ego, sobre “mi caballo”.

El paralelismo del caballo y el ego…

Sí, el caballo me lleva mucho más lejos si lo domino bien… que no vaya donde él quiera, porque no hay que confundir libertad con hacer lo que uno quiere. La verdadera libertad se consigue a través de la disciplina. Por eso “Disciplina-Libertad”.

¿Cómo enseñas a tus alumnos?

Del mismo modo que aprendí yo: a pintar se aprende pintando… Es esencial la Auto-observación, las propias crisis internas, la relación con lo divino, a través de la práctica de un arte. Trabajar con las cuestiones subjetivas, internas, plasmándolas de una manera objetiva, externa. El Arte como apoyo en el Camino, como vehículo a trascender.

¿Este es un camino para todos?

Absolutamente. Solo hay que querer. Mucha gente viene del mundo del arte de otro tipo, entonces ya vienen con algunas mañas y es más desafiante que aprendan correctamente, pero al fina todo el mundo lo consigue, así que sí, es para todos. No es algo inalcanzable, es una técnica que se aprende con paciencia y sobretodo con persistencia.

¿Ese es el secreto?

Sí, claro. Hay tres factores claros: Voluntad, Convicción y Determinación. Yo fui a vivir a Alemania para juntar dinero para vivir Norbulingka, el centro de aprendizaje más importante del mundo. No salía los fines de semana, ahorraba todo lo que podía, y al ver una Thangka lloraba por mi sueño.

Hay que luchar por los sueños…

¡Eso no fue nada comparado como cuando llegué allá! No se aceptaban extranjeros, así que tuve que persistir mucho. El Maestro, muy exigente, solo hablaba tibetano, y además de las dificultades de idioma estuve año y medio sin tocar un pincel, solo hacía dibujos…

¿Debe existir tanto desafío?

Estoy convencida de que sí. Con el tiempo entendí que no era que el Maestro no me hiciese caso, es que estaba ayudándome a construir la persistencia que se requiere para la Thangka; se pulió mi ego, mis impulsos, aprendí a saber esperar. Me estaba enseñando de otra manera que en Occidente se ha perdido y que me permitió realmente aprender ese Arte.

¿Cómo es en Occidente?

No se respeta ni el maestro ni el tiempo, todo se quiere rápido y prima la cantidad en vez de la calidad. Fast food, fast art… es lo contrario que la Thangka: se repite un dibujo miles de veces, luego hay miles de capas invisibles, es una meditación en que se alcanzan capas de realidad de uno mismo, es todo un proceso… un camino.

¿Y qué es lo más importante en este Camino?

El Camino del Artista es saber ver, percibir, sentir, no solo del propio arte sino de los demás, de uno mismo de la naturaleza… Hay que vencer los desafíos de la arrogancia y comercializarse; es un camino para expandir el Amor, ver el mundo con pasión y enamorarse de lo que el artista percibe, entonces expresarlo, ser un canal para la manifestación divina que hay en todo.

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