Vivir momento a momento


La actual apertura hacia la espiritualidad y la búsqueda extendida por la felicidad nos ha permitido cada vez más acercarnos a un oriente idílico, ornamentado por el aroma del incienso, los sonidos armoniosos de lenguas antiguas, las figuras doradas en posición de loto, la suavidad de los colores, el misterio de los símbolos del inconsciente que susurran verdades y muchas otras prácticas que favorecen mágicamente el fluir de la energía y la paz interior.

Este movimiento ha permitido que muchos términos antiguos como “karma”, “iluminación” o “nirvana” se hayan occidentalizado y familiarizado en nuestra búsqueda por el sentido de la vida. Sin embargo, aunque esta apertura hacia las culturas antiguas ha hecho más accesible prácticas milenarias como la meditación, también ha complicado su definición y trivializado su contenido.

Me gustaría comenzar compartiendo una visión personal e íntima de la meditación definiendo esta práctica como “la experiencia de la vida momento a momento, a través del arte de soltar”.

Entendamos que “soltar” no es un asunto tan simple como parece y no hay que tomarlo a la ligera. No se trata de una acción superficial que emprendemos habitualmente, como ir al basurero para depositar lo que ya no queremos más. O sino preguntémonos ¿cuántos de nosotros hemos fracasado en el intento por deshacernos de una emoción que nos persigue durante meses, años, probablemente toda la vida? ¿Cuántas veces escuchamos decir “suelta el pasado” pero las memorias y recuerdos de nuestra infancia o de una situación antigua continúan vigentes en nuestra mente?

Percibir lo que nos amarra

El arte de soltar comienza por tomar consciencia de todo lo que acumulamos en nuestro interior que nos impide vivir momento a momento. Esto es: darnos cuenta de todo el peso innecesario que estamos sosteniendo en nuestras vidas, en forma de tensiones, pensamientos y emociones que aprisionan nuestro corazón y nos cortan las alas a la libertad.

En otras palabras, para soltar primero necesitamos percibir todas nuestras obsesiones, nuestras neurosis y pensamientos repetitivos, el apego a las memorias del pasado y a las proyecciones de un futuro que nunca existirá, nuestra tiranía y el deseo por ejercer el control sobre nuestra vida y la circunstancias externas, nuestras emociones cíclicas y los nudos psicológicos que nos llevan a revivir los fantasmas de nuestros miedos y a reafirmar nuestro egoísmo, y todas aquellas máscaras y contradicciones internas que se manifiestan como cientos de voces indefinidas que nos alejan de nuestra verdadera esencia.

Desde la antigüedad, la práctica que ha permitido al ser humano realizar este autodescubrimiento, permitiéndole despojarse de todas las capas y residuos de la inconsciencia ha sido la meditación. Sentarnos unos minutos en silencio puede develarnos mucho más de nosotros mismos que un año de actividades exitosas y fabulosas dirigidas hacia el mundo externo.

¿Cómo aprender a soltar?

Dos componentes son indispensables en la práctica del soltar: el amor y la consciencia.

En primer lugar, meditar no es una batalla o una lucha contra nosotros mismos. No consiste en rechazar, reprimir o condenar. Por el contrario, aprender a soltar requiere de una profunda aceptación de nosotros mismos para abrazar lo que tanto hemos evitado y desechado en nuestro interior.

Aprendamos de la sabiduría de los árboles que nos enseñan que no podemos dejar caer lo que aún no ha madurado. De la misma forma, no podemos soltar lo que aún se resiste a dejarse penetrar por el calor del amor y la profunda aceptación. Por lo tanto, la meditación nos enseña a amar, porque sólo podemos dejar partir en paz lo que amamos verdaderamente.

En segundo lugar, para soltar es necesario cultivar la consciencia y desarrollar el discernimiento, la capacidad de elegir en dónde depositar nuestra atención momento a momento sabiendo priorizar el combustible de nuestra energía.

Si reflexionamos en todo lo que nos hace perder energía, encontramos el apego como su principal motor. Por ejemplo, cuando piensas obsesivamente en la llamada que recibiste días atrás o en las palabras rudas de tu colega el mes pasado, puedes observar que es el apego a esos pensamientos lo que genera rabia, tristeza y desencadena el sufrimiento.

La Meditación nos permite comprender que no son las circunstancias externas la fuente de nuestros conflictos sino que es el apego a nuestros pensamientos el actor responsable de todo nuestro sufrimiento.

Aprender a cultivar la consciencia momento a momento nos ayuda a soltar nuestras obsesiones, manteniendo una mente pura que goza de la libertad del presente.

Cuatro formas simples de “soltar”

  1. Danzar. Comienza por tu cuerpo, esta es la primera puerta. Todos las tensiones emocionales y los condicionamientos mentales se reflejan en los dolores, tensiones y rigidez que manejas día a día. Cuando danzas libremente estás dando vida a la sabiduría y energía natural del templo en el que reside tu alma. Reserva 5 minutos diarios para dejar la mente de lado y permitir a tu cuerpo expresarse y vibrar con una música inspiradora.
  2. Perdonarse. “Empieza por tu casa”. Primero perdónate, porque nadie puede hacernos más daño del que nos hacemos a nosotros mismos.

Hemos escuchado repetidas veces la importancia de perdonar a los demás, pero esto sólo puede darse de forma natural cuando hemos sanado nuestras propias heridas y elaborado nuestros propios procesos. Para esto, el perdón hacia nosotros mismos es sanador y liberador.

Practica diariamente las meditaciones Shanti Kai y Shanti Kin que están centradas en el corazón. Si aún no conoces estas meditaciones, entonces comienza por 5 minutos diarios de práctica de auto-perdón, es la forma más veloz de soltar el pasado y estar en paz contigo mismo.

  1. Respirar. Si estamos conscientes de cada respiración, el pasado no puede alojarse en nuestra mente. Respirar con consciencia, momento a momento, es caminar por la vida sin dejar huellas. Durante 5 minutos diarios lleva la atención a la espiración permitiendo soltar y disolverse todo lo que no eres. Respirar con consciencia es vivir en libertad.
  2. Entregarse. El secreto de la libertad está en vivir al 100 %, aprendiendo a soltar lo que está fuera de nuestro control. Permitirnos confiar en una perfección y sabiduría superior nos libera de la obsesión de querer controlar nuestra vida y las circunstancias. Por lo tanto, da lo mejor de ti mismo y el resto, entrégalo a lo divino.

Solo podemos experimentar la vida como un regalo de libertad cuando nos atrevemos a soltar todos nuestros apegos. Y meditar es el arte de soltar momento a momento.

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Amyatari

www.meditacioncb.com





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